El bahaísmo

El bahaísmo

El bahaísmo, conocido como fe bahá’í entre sus seguidores y en la bibliografía relacionada,
es una religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de Bahá’u’lláh, su proeta y fundador, a quien consideran la Manifestación de Dios para la época actual.​

Los principios centrales del bahaísmo se resumen en tres unidades: la unidad de Dios, la unidad de la humanidad y la unidad de la religión como una serie de revelaciones sucesivas.

Según el Anuario de la Enciclopedia Británica de 1992, el bahaísmo es la segunda religión más extendida en el mundo entre las religiones independientes, de acuerdo al número de países en que se encuentra representada: está establecida en 247 países y territorios.Bahá’u’lláh

Los bahaíes proceden de más de 2100 grupos étnicos, raciales y tribales, y totalizan aproximadamente seis millones de fieles en el mundo. Los principales pasajes de los textos sagrados bahaíes se han traducido a 802 idiomas.

 

Los Apóstoles de Bahá’u’lláh

El Báb

 

En 1844, el comerciante de Shiraz Seyyed Alí Mohammad proclamó ser la «puerta» (Báb)​ al Imam oculto, el Mahdí. Según el Báb, su misión principal era preparar el camino para «Aquél a quien Dios hará manifiesto»​, el que fue prometido en las escrituras sagradas de todas las grandes religiones del mundo, siendo para los Cristianos la Promesa de la Vuelta de Jesús en la Gloria del Padre.
Los seguidores del Báb fueron conocidos como «babís» y su religión como babismo. Tuvo sus propias escrituras y enseñanzas religiosas, siendo su principal objetivo la preparación de sus seguidores para el reconocimiento de «Aquél a quien Dios hará manifiesto».
El creciente número de personas que se adherían a estas nuevas enseñanzas alarmó a las autoridades políticas y religiosas de Persia.
El Báb y sus seguidores fueron perseguidos, siendo fusilado el propio Bab en Tabriz el 9 de julio de 1850, después de seis años de proclamación.​

Bahá’u’lláh

Bahá’u’lláh

Mirzá Husayn-‘Alí, a quien el Báb dio el título de Bahá’u’lláh (en árabe ‘gloria de Dios’), era un noble y uno de los primeros seguidores importantes del Báb.

Fue arrestado y encarcelado en 1852 durante una gran persecución contra los babíes. En las mazmorras de Siahchal en Teherán, anuncia a los más allegados que es el Prometido esperado, «Aquél a quien Dios hará manifiesto».

Trece años después, exiliado en Bagdad (entonces parte del Imperio otomano), anunció de forma publica ser «Aquél a quien Dios hará manifiesto».
Las autoridades persas y otomanas, provocadas por la influencia ascendente de Bahá’u’lláh, le imponen el exilio: de Bagdad a Estambul, luego a Edirne y finalmente a la colonia penal de Acre (actual Israel) en 1868.
Bahá’u’lláh permaneció en Acre hasta su fallecimiento el 29 de mayo de 1892, tras 40 años de exilio y confinamiento. Los bahaíes consideran su sepulcro en las afueras de la ciudad como el lugar más sagrado del mundo. Los fieles realizan sus plegarias cada día orientados hacia ese lugar.

El otro lugar santo de los bahaíes en Israel es la tumba o Santuario de El Báb, en la ladera del Monte Carmelo en Haifa. Los restos mortales de El Báb fueron trasladados en secreto desde Persia hasta Tierra Santa y enterrados en el santuario construido y diseñado para ese propósito por Bahá’u’lláh.
Bahá’u’lláh escribió el equivalente a más de cien volúmenes de textos que los bahaíes consideran inspirados por Dios, tanto en árabe como en persa.

Kítab-i-Aqdas 

 

 

El principal repertorio de las leyes de la revelación de Bahá’u’lláh es el
Kítab-i-Aqdas (el Libro más Sagrado).
El segundo en importancia es el Kitab-i-Iqan (el Libro de la Certeza),
compuesto en Bagdad y que reúne los rasgos elementales de la teología bahaí.

Abbás Effendi

era el hijo mayor Bahá’u’lláh’, conocido por el título de ‘Abdu’l-Bahá (Siervo de Bahá). ‘Abdu’l-Bahá ´fue designado como el “Centro de la Alianza”, “Cabeza de la Fe” e intérprete único de los escritos de Bahá’u’lláh.​
‘Abdu’l-Bahá había compartido con su padre el exilio y la cárcel. En 1898 recibió la visita de los primeros peregrinos occidentales, entre los que estaban Phoebe Hearst y el primer creyente afroamericano, Robert Turner. Su confinamiento duró hasta que fue excarcelado con
motivo de la revolución de los Jóvenes Turcos en 1908.
Poco después de su liberación, ‘Abdu’l-Bahá viajó a Europa, Estados Unidos y Canadá para proclamar las enseñanzas de su padre e impulsar el desarrollo de las incipientes comunidades bahaíes que habían surgido en varios sitios de Europa, Estados Unidos y Canadá.
Muchas de sus conferencias y charlas fueron grabadas y se han publicado en libros bajo los títulos de La sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá y La promulgación de la paz universal.

Phoebe Hearst

Phoebe Apperson Hearst (3 de diciembre de 1842-13 de abril de 1919) fue una filántropa, feminista y sufragista de los Estados Unidos​ y la madre de William Randolph Hearst.

Phoebe Elizabeth Apperson nació en el condado de Franklin, Misuri. Con 19 años se casó con George Hearst un rico empresario que posteriormente sería elegido senador de los Estados Unidos. Poco después de su matrimonio la pareja se trasladó a San Francisco, California, donde Phoebe dio a luz a su único hijo, William Randolph Hearst, en 1863.

En la década de 1880 se connvirtió en benefactora y directora de la Golden Gate Kindergarten Association y la primera presidenta del Club Century de California. También fue mecenas y benefactora de la Universidad de Berkeley, California y la primera mujer regente de la institución, ocupando un puesto en el consejo universitario desde 1897 hasta su muerte. En 1897 también contribuyó a la fundación del Congreso Nacional de Madres, que finalmente se convertiría en la Asociación Nacional de Padres-Profesores. En 1900 cofundó la National Cathedral School en Washington D.C.. Una escuela pública elemental cerca de la National Catedral School actualmente lleva su nombre.

Phoebe Hearst fundó la Biblioteca Hearst en Anaconda Montana en 1898, que se mantuvo hasta 1904. En 1901, Phoebe Hearst fundó el Museo de Antropología de la Universidad de California, posteriormente rebautizado como Museo de Antropología Phoebe A. Herst en 1992. La colección original constaba de unos 230.000 objetos que representaban culturas y civilizaciones históricas de todo el mundo. Muchos de estos objetos fueron el producto de expediciones arqueológicas y antropológicas financiadas por la propia Phoebe Hearst.

Fue educada como miembro de la fe presbiteriana de Cumberland en la década de 1840. En 1898 se convirtió al bahaísmo y ayudó a extender esta religión en los Estados Unidos. Brevemente viajó a Akka y Haifa en Palestina (actual Israel) en peregrinaje, llegando el 14 de diciembre de 1899. Más tarde escribiría sobre este viaje y de su encuentro con los líderes del bahaísmo: Esos tres días han sido los más memorables de mi vida. En octubre de 1912 invitó a Abdu’l-Bahá, que estaba visitando los Estados Unidos, a pasar un fin de semana en su casa, aunque durante este período se había distanciado de la religión Baha’i. Durante su estancia, Abdu’l- Bahá mencionó que quien estafara dinero o bienes no debería ser considerado un verdadero Baha’i. La Sra. Hearst había sido víctima de una estafa por parte de un compañero bahaista, lo que había provocado su alejamiento de la religión.

Murió en su hogar en Pleasanton, California, con 76 años, el 13 de abril de 1919 durante la epidemia de gripe de 1918-1919 y fue enterrada en el Cypress Lawn Memorial Park de Colma, condado de San Mateo, California.

Robert Turner

Mírzá Husayn-`Alí, a quien el Bab dió el título de Baháulláh (en árabe «Gloria de Dios»), era un noble y uno de los primeros seguidores importantes del Bab. Fue arrestado y encarcelado en 1852 durante una gran persecución contra los babíes.

Tablas del plan divino

Otra de las obras de ‘Abdu’l-Bahá, que sentó las bases de la expansión y consolidación de la comunidad mundial bahaí, es una serie de documentos llamados Tablas del plan divino.
También mantuvo una copiosa correspondencia con personas y comunidades bahaíes durante muchos años, y muchas de esas cartas o Tablas se han traducido y publicado en varias lenguas.
En 1920, ‘Abdu’l-Bahá fue ordenado Caballero del Imperio Británico en reconocimiento a su labor humanitaria durante la Primera Guerra Mundial. Falleció en Haifa el 28 de noviembre de 1921.
En el documento conocido como Voluntad y Testamento, ‘Abdu’l-Bahá estableció las instituciones gemelas de la Guardianía y la Casa Universal de Justicia. Asimismo designó a su nieto mayor, Shoghi Effendi, como «Guardián de la Fe Bahá’í».

Shoghi Effendi,
estudiante en Oxford cuando falleció su abuelo, fue Guardián hasta su propia muerte.
Durante treinta y seis años fue preparando la comunidad bahaí y a su estructura administrativa de cara a la elección de la primera Casa Universal de Justicia. Ya que el bahaísmo contaba apenas con una comunidad pequeña e inmadura cuando el Guardián se hizo cargo de liderarlo, se necesitaron muchos años para fortalecerla y desarrollarla, hasta que fuera capaz de asumir la estructura administrativa imaginada por ‘Abdu’l-Bahá. Shoghi Effendi se consagró enteramente a este objetivo.
Tradujo los textos sagrados del bahaísmo y planificó la expansión mundial de la comunidad bahaí, particularmente a partir de 1937 con el lanzamiento del llamado Plan Divino para la difusión del bahaísmo en el mundo.

También desarrolló el Centro Mundial Bahaí en Haifa, mantuvo una copiosa correspondencia con comunidades y particulares de todo el mundo y organizó la estructura administrativa, preparando a la comunidad para la futura elección de la Casa Universal de Justicia, que había de ser el máximo órgano legislativo de la administración bahaí.
Asimismo nombró a diversas personalidades del mundo bahaí como Manos de la Causa de Dios, un título honorífico que habría de tener enorme importancia en los acontecimientos que sucedieron a su muerte.
El documento Voluntad y Testamento de ‘Abdu’l-Bahá contempla la sucesión de Guardianes, pero esto no habría de cumplirse. ‘Abdu’l-Bahá prescribió que a cada Guardián le sucediera su primogénito.
En caso de que éste no heredara las aptitudes espirituales del Guardián, entonces debía nombrar como tal a otro descendiente varón de Bahá’u’lláh.​ Sin embargo, Shoghi Effendi no tuvo descendencia y todos los miembros de su familia se habían ido rebelando contra la autoridad que se le había conferido, con lo cual habían sido declarados «quebrantadores de la Alianza» por Shoghi Effendi. Por lo tanto, no le fue posible designar a su sucesor como Guardián.
Por otro lado, la voluntad escrita de ‘Abdu’l-Bahá establecía que sólo la Casa Universal de Justicia estaba facultada para resolver asuntos no tratados por Bahá’u’lláh o ‘Abdu’l-Bahá, y era obvio que la sucesión de Shoghi Effendi era competencia de ese órgano.
Al fallecer repentinamente el Guardián, durante una estancia en Londres en 1957, no había establecido aún unas directrices claras sobre quién debía sucederle.


Elección de la Casa Universal de Justicia

La falta de un testamento en el que Shoghi Effendi declarase concretamente quién era su sucesor causó un vacío temporal de poder en la cúpula de la administración bahaí.
Entonces, las Manos de la Causa se encargaron de dirigir la comunidad internacional bahaí y de preparar la elección de la Casa Universal de Justicia, mediante la designación de nueve de ellos con el encargo de dirigir este proceso. Recibieron el nombre de Custodios de la Fe.

Casa Universal de Justicia

La primera Casa Universal de Justicia fue elegida en 1963. Ese mismo año determinó que no había «forma de nombrar o legislar para la designación de un segundo guardián que suceda a Shoghi Effendi», por lo que esta institución bahaí ha quedado oficialmente vacante desde entonces.
Los bahaíes fieles a la Alianza aceptaron esta decisión, asumida por la que ellos consideran una autoridad central de su fe guiada por Dios. Sin embargo, diversos movimientos disidentes han elegido sus propios Guardianes, a los que consideran los legítimos sucesores de ‘Abdu’l-Bahá y Shoghi Effendi, mientras que son considerados cismáticos por la Casa Universal de Justicia y la gran mayoría del movimiento bahaí.

Orden administrativo

La Voluntad y Testamento de ‘Abdu’l-Bahá es el estatuto del orden administrativo bahaí.
En este documento ‘Abdu’l-Bahá establece las instituciones gemelas de la Guardianía y la Casa Universal de Justicia. Asimismo designa a su nieto mayor, Shoghi Effendi, como Guardián de la Fe Bahá’í. Gracias a las precisas instrucciones de la Voluntad y Testamento, no se cuestionó la sucesión del liderazgo.
Como indica este documento de ‘Abdu’l-Bahá, los papeles desempeñados por la Guardianía y la Casa Universal de Justicia eran complementarios: el Guardián debía cumplir labores de dirección e interpretación, mientras que la Casa Universal de Justicia se orienta a tareas legislativas sobre asuntos no tratados en otros escritos de Bahá’u’lláh o ‘Abdu’l-Bahá.
Ninguna de las dos interfiere en las competencias de la otra. Al quedar vacante la Guardianía tras la muerte de Shoghi Effendi, la Casa Universal de Justicia asumió también las tareas de dirección y liderazgo de la comunidad internacional bahaí, estableciendo que no podría asumir la interpretación del significado de los Escritos, cosa que solo ‘Abdu’l-Bahá y Shoghi Effendi tuvieron autoridad de hacer.

No existe clero en el bahaísmo.

A nivel de base, las comunidades bahaíes se gobiernan por consejos de nueve miembros libremente elegidos, llamados Asambleas Espirituales Locales.
De igual modo, las Asambleas Espirituales Nacionales dirigen y coordinan los asuntos de las comunidades bahaíes a nivel nacional.
El proceso electoral bahaí es único.
No existen candidaturas ni campañas y el propósito es elegir a los miembros que posean en mayor grado las aptitudes espirituales que les permitan servir a la comunidad.
Hombres y mujeres de más de 21 años pueden ser electores y ser elegidos miembros de las Asambleas Espirituales Locales y Nacionales.

¡Ohi Ohi!

Solo los hombres pueden ser miembros de la Casa Universal de Justicia.

 

 

Doctrina

Las enseñanzas de Bahá’u’lláh se basan en que hay un único Dios que va revelando su voluntad a la humanidad de manera progresiva.
Según el punto de vista bahaí, cada una de las grandes religiones introducidas por los Mensajeros de Dios —como Moisés, Abraham, Krishna, Lao-Tse, Buda Gautama, Zoroastro, Jesucristo, Mahoma, Bahá’u’lláh y El Báb— constituyen etapas sucesivas en el desarrollo espiritual de la civilización.
Los bahaíes creen que Bahá’u’lláh ha sido el más reciente de estos mensajeros y que sus enseñanzas están orientadas a los nuevos retos morales y espirituales de nuestra época.
Los bahaíes a menudo emplean el término «revelación progresiva», que significa que Dios se revela a la humanidad progresivamente, a medida que maduramos y podemos comprender el propósito de Dios al crear la humanidad.

Principios sociales

Los bahaíes dan una gran importancia a las cuestiones sociales.
Durante sus viajes por Europa y Norteamérica en 1912, ‘Abdu’l-Bahá enumeró en diversas ocasiones los principios fundamentales del bahaísmo en el ámbito de lo social. Son los siguientes:

    La unidad de la humanidad
    La búsqueda individual de la verdad
    La unidad de las religiones
    La armonía entre la religión y la ciencia
    La educación universal
    La igualdad entre hombres y mujeres
    La eliminación de toda forma de prejuicio
    La eliminación de la pobreza y riqueza extremas
    Un idioma auxiliar universal
    La paz mundial, basada en una legislación común

Otro principio bahaí es la moderación en todo (específicamente en el celo libertador, civilizatorio y religioso y en la interpretación literal de las escrituras).
El bahaísmo afirma que, aunque nuestra época está a oscuras, el futuro de la humanidad es brillante y la paz mundial es inevitable.
También establece que Bahá’u’lláh es la manifestación de Dios para nuestra época. Un bahaí se dedica a seguir sus enseñanzas y observar sus leyes.

Ritos

Existen escasos ritos en el bahaísmo. Sin embargo, hay algunas disposiciones que el Kitáb-i-Aqdas prescribe como obligatorias:

  • La ceremonia matrimonial debe incluir una frase específica de obediencia a la voluntad de Dios.
  • Los ritos funerarios deben realizarse en sepultura bajo tierra, en ataúd, y colocando uno o varios anillos en los dedos del difunto con unas inscripciones específicas para hombres y para mujeres. El cadáver debe envolverse en cinco sábanas de seda o algodón, y no debe transportarse para su entierro a más de una hora de viaje desde el lugar del fallecimiento. Durante el funeral se reza una oración colectiva.
  • Ayuno durante el último mes bahaí del año, desde el amanecer hasta el anochecer.
  • Rezo individual de una oración preceptiva todos los días, orientados en dirección al Qiblih (o «punto de adoración»), que para los creyentes bahaíes es la tumba de Bahá’u’lláh en Bahjí (cerca de Acre).
  • Leer diariamente las sagradas escrituras de su fe.
  • La Fiesta de los Diecinueve Días es una reunión que las comunidades bahaíes realizan al iniciarse cada mes del calendario bahaí, dedicada a la adoración, consulta y socialización. ‘Abdu’l-Bahá dispuso que, además de promover la amistad y unidad entre los creyentes, en estas fiestas debe mencionarse a Dios, así como leer versículos de los textos sagrados y entonar cánticos religiosos.
  • La fiesta puede incluir una comida elaborada, aunque no tiene por qué ser así. A veces se toma un refrigerio abundante, pero otras puede ser sólo pan y agua.
  • La contribución a los fondos bahaíes es privilegio exclusivo de los creyentes, cuyas aportaciones son confidenciales.
  • Una de las leyes de la Fe, y cuyo propósito principal sería el de contribuir a eliminar los extremos de pobreza y riqueza y ayudar a desarrollar el espíritu y conciencia de generosidad en el creyente, sería la del “Huqúqu’lláh” (Derecho de Dios) bajo la cual se prescribe a los creyentes que sobrepasan una cantidad de ingresos determinado (quizás se pueda poner la cantidad), aportar un 19 % de la parte del dinero ahorrado que, bajo estricta consideración personal, consideran que les sobra tras cubrir todos los gastos personales.
  • Las aportaciones a los Fondos y al Derecho de Dios, quedan a conciencia del creyente. No se permite ejercer ningún tipo de presión ni petición personal para ello.

Símbolos

La estrella de nueve puntas es el símbolo oficial del bahaísmo.
Se la conoce como Haykal («templo» en árabe) y fue establecida por El Báb. Tanto El Báb como Bahá’u’lláh escribieron obras en forma de estrella.​
No obstante, la mayoría de los símbolos de la religión derivan de la palabra árabe Bahá’ (بهاء «esplendor» o «gloria»), identificada con el valor numérico de 9, y por ello la estrella de nueve puntas ha alcanzado una mayor difusión y popularidad como símbolo de esta religión.
El símbolo del anillo y la caligrafía con el Más Sagrado Nombre también suelen aparecer con frecuencia. El primero consiste en dos estrellas separadas por un estilizado Bahá´ cuya forma significa las tres unidades mientras que la segunda es la caligrafía con la frase Yá Bahá’u’l-Abhá (يا بهاء الأبهى «¡Oh Gloria de las Glorias!»).